Calendario

Diciembre. 2006
LunMarMierJueVierSabDom
 << <Mar 2010> >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

¿Quién está en línea?

Miembro: 0
Visitante: 1

Anuncio

Ultimo Comentario

designer bags,designer replica handbags,

19/03/2010 @ 08:47:44
por Men replica Watches


replica handbags,designer handbags,replica ...

18/03/2010 @ 10:00:57
por replica watch


replica watches and replica ...

01/03/2010 @ 01:54:11
por rolex


replica watches and replica ...

01/03/2010 @ 01:53:13
por rolex


replica watches and replica ...

26/02/2010 @ 10:24:11
por rolex


 

Anuncio de los artículos posteados en: Diciembre. 2006

19 Dic 2006 

TRAS LA CORTINA ROJA (Homenaje a Lynch)




Cuando al fin consigo enfocar mi mirada los distingo; pasan uno tras otro...son difuminados animales blancos que artificialmente saltan los obstáculos de madera sin problema. Hay tantos ya acumulados a mi lado que no puedo llevar a cabo mi tarea con la dedicación que quisiera. Cuanto mas me doy cuenta de esta situación más abandono la tarea que me he asignado. No consigo comprender qué hago rodeado de estúpidos animalitos indefensos en mitad de la sabana. Una sabana completamente llena de vacío pero vacía de lo que yo la quiero llenar. Una sabana en la que una cortina roja pretende sustituir la presencia personificada de lo que ni una persona tan apasionada como el rojo de la cortina podría personificar. La cortina se mueve sin tregua al ritmo del aire que ya no existe pero que alguna vez existió. Reconozco este aire, reconozco el movimiento de la tela roja y me dejo llevar por ella con precaución de no abandonar la sabana, sorteando uno a uno los pobres animalitos blancos, ajenos a toda la actividad que les rodea. Según me acerco a la cortina voy notando una sensación de placer solo comparable a aquellas explosiones internas que en este mismo escenario se daban cita antes de la llegada del inminente invierno. El cielo que piso se despeja de toda nube gris para dar paso a un mar de estrellas que con su luz ciegan y apagan mis ojos. Doy una última mirada atrás antes de atravesar la acogedora cortina. Los animalitos blancos se esconden entre las nubes fugitivas pues su existencia sin soñolientos ojos que les observe carece de sentido.
Al otro lado de la cortina todo parece igual, pero el aire que se respira me llena de fuerza, sensación que no me inundaba desde épocas de luz. Me siento grande y de hecho compruebo que lo soy. La gente pasa por mi lado sin inmutarse, admiten mi grandiosidad, yo soy mucho mas alto y fuerte, yo veo donde ellos no son capaces ni siquiera a imaginar. No tardo en oir aquella canción...una canción que conozco, que me hace sentir. Es una de mis preferidas. Recreandome en sus acordes recuerdo que esa melodía es precisamente la señal. Ella se quiere poner en contacto conmigo y entre manos yo poseo palabras de amor para sus oídos. Me recuerda que la noche ha caído frente a ella cuando se disponía a visitarme y que, tras su dura y soleada jornada salvando al mundo de sus realidades imaginadas, llegaba mi turno. Se lamenta también de que un día mas el mundo nos plantee obstáculos para vernos, pues es lo que mas deseamos conforme pasa el tiempo, mas yo le recuerdo que tenemos una misión que cumplir y que resulta imposible satisfacer esa necesidad carnal ante tal cúmulo de obstáculos. Ella, alterada por mi pasividad me alerta de que hasta los animales blancos pueden sin esfuerzo dejar atrás barreras. Sus palabras me dejan pensativo hasta que uno de esos animalitos blancos pasan por delante de mi enorme cuerpo mirándome fijamente a los ojos. Me quedo paralizado al ver en sus redondas pupilas un rostro eminentemente atractivo que, aun siendo el mio, no recuerdo que me hubiera pertenecido nunca. A decir verdad no encuentro en el recuerdo ningún rostro propio olvidado, pues todo aquel que veo me resulta ajeno y distante. Un ligero terremoto altera esta incómoda situación. A mi alrededor nadie parece ser testigo de los acontecimientos, pero ella y yo sabemos en secreto que esta es una buena manera de comunicarnos sin tímpano ni pupila. “Siempre quiero permanecer a tu lado, gran héroe, pero mi tren tarde o temprano acabará por emprender rumbo a donde le lleve el viento y deberías saber que tu cortina roja no te permitirá seguir con la vista su sendero, por lejos que puedan llegar tus ojos”. Mensaje claro de auxilio emocional por su parte, atormentada a buen seguro por mi falta de entrega fuera de mis fechorías nocturnas.
Decido comenzar a caminar hacia donde yo me ví nacer y a ella siento aguardar, hasta que cruzo miradas y caminos con un pequeño e insignificante hombre vestido de rayas. Sus ojos claros se me clavan como agujas. El individuo rompe a llorar porque dice que no consigue saber quién es ni cuál es su sitio en el mundo. Me suplica que le lleve a su casa, en lo alto de la colina de la seguridad, la bondad y el trabajo. Me dice que está tan perdido que ni sus amigos le encuentran en su mirada y que yo, como héroe de la noche, debo rescatarle. Me dice, por otra parte, que la última imagen que consigue recordar de su casa es una preciosa cortina roja que cubre el cuarto de su felino, un precioso y algodonoso cachorro de color blanco. Una sensación mezquina me hace sudar. No consigo fiarme de las palabras de aquel individuo. Su aspecto descuidado y su familiar tono de voz me provocan miedo. Siento que su mirada avariciosa me quiere desnudar de mis posesiones y mi fortaleza y me dejo llevar por una desproporcionada ira. No dudo un segundo en darle un fuerte puñetazo. Los destrozos son evidentes, pues miles de cristales saltan por los aires, acabando buena parte del vanguardista espejo clavado en mi puño. Un gigante pañuelo blanco cae del suelo estrellado, sin duda dispuesto a empaparse de la sangre de mi nueva herida. Agradezco la cortesía de esos ángeles con pies en tierra, sin los cuáles jamás podría haber llegado a ser un héroe de la noche. Tal es la sangre que mi cuerpo derrama que no tardo en teñirlas completamente de rojo hasta quedar rodeado por ellas y perder el conocimiento de mi existencia...
___
No sé dónde estoy ni recuerdo cómo llegué hasta aquí. Me pongo en pie. La habitación es pequeña, está vacía, y no tiene techo. Está completamente rodeada de unas viejas cortinas rojas. Todo pasa de ser normal a ser extraño. Por algún motivo que se me escapa tengo los pies en el suelo, ahora el cielo está sobre mi. Parece un mundo al revés. Recuerdo haber vivido una situación análoga en el pasado. En mi puño siento el dolor del sufridor, mas no distingo cicatriz que lo haga real. Opto por atravesar la cortina, mas no tardo en contemplar lo desacertado de mi decisión. Un paisaje desolador se extiende ante mi. El suelo se encuentra tan nublado como desértico parece estar el cielo. Abatido por el desengaño de creer que había dejado en el pasado tales espantosas nubes trato de encontrar de nuevo la cortina roja, que, desgraciadamente, mis enfermos ojos no consiguen ya diferenciar. Ahora si, la sabana está vacía; ella no está, pues no he notado terremoto ni canción a lo largo de todo este rato; ni siquiera las cortinas están, esos terciopelos rojo pasión que tanto desentonaban de la escoria innata que me rodea y a la que yo mismo rodeo con obsesión y, por supuesto, yo no soy ningún héroe nocturno y no puedo hacer nada para cambiar la realidad. De forma que decido sentarme y esperar.............................................................................................
........................................................................................................
................................................esperar a que su personalidad azarosa e incalculable que arrancó y se llevó parte de mi piel al despegarse de mi lado asome su tímidez, su pasión y su cariño por el horizonte y vuelva dibujar una sonrisa que haga mi rostro reconocible a mis propios ojos. O, al menos, esperar a que como cada día las cortinas rojas se presenten ante mi mirada ofreciéndome incondicionalmente su falso mundo de tramposas aventuras sin relieve.
Comienza un día mas.
Manu · 93 vistas · 1 comentario
Categorías: REFLEXIONES